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Conservar de forma óptima las harinas

El principal problema de conservación se debe principalmente al desarrollo del gorgojo,  sobre todo si se trata de harina integral que conserva su salvado y su germen, también si es de producción ecológica, pero a veces  sucede igualmente con la harina refinada y de cultivo convencional.

Estos problemas son mayores a medida que aumentan las temperaturas, en las estaciones más cálidas, como en primavera y verano, el riesgo de que la harina se estropee aumenta. 

La harina puede traer huevos microscópicos de estos insectos, que una vez que encuentran las condiciones de temperatura y humedad apropiadas, se desarrollan y plagan nuestra despensa y armarios de cocina.

Olvídate de abrir un paquete de harina, coger la cantidad necesaria y cerrar el mismo paquete con una pinza o con una goma elástica. Para guardarla correctamente se debe pasar a un tarro, preferiblemente de vidrio y con tapa hermética (así no cogerá olores ni sabores).

Guarda todos los productos de la despensa en su tarro debidamente cerrado para evitar la proliferación, en caso de haber algún producto afectado.

Pon unas hojas frescas de laurel  en el recipiente con el producto almacenado. Parece que las hojas de laurel pueden evitar las infestaciones de gorgojos.

Cuando llegues a casa, pon la harina en el congelador 1 semana. Esto matará a los huevos que ya están en ella. A la hora de utilizarla, sólo habrá que dejarla a temperatura ambiente unas horas, dependiendo de la estación y de la temperatura de la cocina.

Luego, podrás sacar la harina y guardarla en la despensa o dejarla en el congelador o en el frigorífico hasta que la necesites.

¿La harina caduca?

Sí, dependiendo del tipo de harina del que estemos hablando. Existen alimentos que soportan más el tiempo que otros. Las harinas de legumbres no caducan.

 La harina de trigo, tiene su tiempo de vida, es de unos 6 meses a un año. Después de ahí la harina perderá gradualmente sus aceites esenciales.

Al perder dichos ácidos grasos por completo, nuestra harina comenzará a oler como a aceite quemado. Si has usado una harina en esta condición, tu salud no corre realmente ningún problema, no debes por qué preocuparte, simplemente tus recetas desprenderán olor rancio.

Si el consumo de harina no es muy habitual, no se sabe cuándo se va a gastar, se tiene mucha cantidad o se pretende prolongar su conservación un mes o más, mejor congelar la harina y evitarnos sorpresas.

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