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frutas y verduras deshidratadas

Son frutas sometidas a un proceso de secado para eliminar su contenido en agua. Antiguamente se deshidrataba la fruta para que no se estropease, siendo un método de conservación ideal para aquellos sitios en los que no se disponía de fruta todo el año. 

  Mediante este proceso se consigue alargar la vida útil del alimento, ya que se dificulta el desarrollo de reacciones de deterioro por microorganismos patógenos o alterantes y, además, se consigue reducir su tamaño y peso, por lo que se facilita su envasado, transporte y almacenamiento.

El contenido en nutrientes es similar al de la fruta fresca, aunque más concentrado. Al reducir su contenido en agua se concentran todos los nutrientes como el azúcar, las vitaminas y los minerales.

Conservan todos los nutrientes de las frutas frescas a excepción de las vitaminas hidrosolubles, como la vitamina C, que se reduce casi en su totalidad tras el proceso de deshidratación. Si la fruta original posee alto contenido en un nutriente, la correspondiente fruta desecada habrá multiplicado el contenido en este nutriente a igualdad de peso, como consecuencia de la eliminación de gran parte del agua.

 Aunque tienen más concentración de nutrientes no quiere decir que tengan más calorías, de hecho tienen las mismas que la fruta fresca, sin embargo, al reducirse el tamaño se corre el riesgo de consumir más raciones de este producto, porciones más grandes y, por lo tanto, más calorías de las necesarias.

Una ración de fruta desecada (25 gramos), equivale a 100 gramos de fruta fresca, por lo que consumir 100 gramos de fruta deshidratada equivaldría a comer unas 4 manzanas frescas y, por ende, consumir unas 150 kcal extra. 

 Son una excelente opción para personas deportistas, ya que tienen un alto contenido energético, y unos 100 gramos aportan entre 250-300 kcal. 

En el caso de los diabéticos, se desaconseja un consumo sin control de las frutas deshidratadas, por el riesgo de consumir más azúcar del necesario.

En cuanto a la cantidad diaria recomendada, se aconseja consumir en torno a 25-50g, lo que equivale a unas 50-70 kcal. No se recomienda más cantidad por la concentración de nutrientes y de azúcar, aunque todo dependerá del nivel de actividad de cada persona. También se podría aumentar esta cantidad en personas que quieran ganar peso o en los que tengan un gasto energético muy elevado. 

El mejor momento del día para su consumo sería como tentempié en una media mañana o una merienda, ya que además de ser una opción muy nutritiva, es ideal para trasladar y consumir entre horas, de manera que puede constituir o ser parte de un buen snack saludable.

También, serían una buena opción para un desayuno antes de un entrenamiento, puesto que este tipo de frutas aportan energía de forma inmediata. Pueden ser un buen reemplazo para reducir el uso de azúcar en la cocina, ya que un puré de dátiles o de uvas pasas aporta humedad, sabor y mucho color a un plato, sin necesidad de agregar endulzantes calóricos y poco nutritivos. 

En ocasiones no resulta fácil incluir las verduras en la alimentación diaria, porque conseguirlas frescas requiere hacer la compra de manera casi diaria y los ritmos de vida actual generalmente no lo permiten. Una muy buena opción son las verduras deshidratadas, que conviene tener en cuenta a la hora de elaborar nuestros menús.

Al igual que en las frutas El proceso de deshidratación de las verduras consiste en la extracción del agua que contienen para facilitar su conservación. 

Las verduras deshidratadas son ideales para hacer sopas, como la juliana y para introducir en los platos de pasta o de legumbres.