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Frutos Secos

Existe una tendencia generalizada a evitar los frutos secos. Lo primero que a uno le viene a la cabeza al pensar en ellos son grasas y calorías. Nos olvidamos de la multitud de propiedades que tienen y lo beneficiosos que son para nuestro cuerpo. Se han convertido en uno de los alimentos más estudiados por los científicos y esos estudios avalan lo saludables que son. Tanto la Fundación Española del Corazón como el Estudio Prospectivo Europeo sobre Cáncer y Nutrición, relacionan la ingesta de fibra y de grasas insaturadas con un mejor funcionamiento del sistema cardiovascular y la prevención de varios tipos de cáncer y ahí es donde entran los frutos secos.

Además de ser muy nutritivos, estos súper alimentos están compuestos, mayoritariamente, por minerales y ácidos grasos esenciales, que son muy necesarios para que nuestro organismo lleve a cabo funciones vitales y regule sustancias potencialmente peligrosas como el colesterol LDL o el azúcar.

Son muy calóricos y  si abusamos de ellos corremos el riesgo de engordar. Pero sacarles el máximo provecho, y evitar un aumento de peso, implica consumirlos con moderación. La recomendación general es comer alrededor de 25 gramos al día, a ser posible crudos, y evitar los frutos secos tostados, fritos, salados o endulzados.

Están repletos de minerales, proteínas, vitaminas y grasas insaturadas. Y aunque las concentraciones varían, esas sustancias les proporcionan propiedades muy beneficiosas para nuestro organismo. 

 

Tienen una multitud de beneficios para nuestra salud. Como en la composición de cada fruto seco aparecen unos nutrientes concretos, podemos consumir el que más nos convenga teniendo en cuenta las necesidades o carencias de nuestro organismo.

Salud cardiovascular – Los ácidos grasos esenciales omega 3 y la vitamina E juegan un papel muy importante a la hora de mantener en buen estado nuestras arterias, mantener a raya el colesterol y los triglicéridos, así como regular la presión arterial. Como resultado, disminuye el riesgo de sufrir una trombosis y de padecer ritmos cardíacos irregulares que podrían dar lugar a un infarto. Las almendras son el fruto seco con más vitamina E, mientras que las nueces, consideradas el fruto seco cardiosaludable por excelencia, son las que más cantidad de omega 3 aportan, cuatro veces más que el salmón. Por eso se recomienda a las personas con problemas de corazón que tomen una ración de nueces al día.

Sobrepeso – Debido a la creencia errónea de que los frutos secos engordan, pocos saben que son unos magníficos aliados a la hora de controlar el peso, siempre y cuando no se exceda la cantidad recomendada. Esto se debe a su contenido en grasas saludables y de fibra, que produce un efecto saciante. De esta manera, se reduce el apetito y la tentación de comer alimentos menos saludables que posiblemente contengan más grasas saturadas. El fruto seco que más fibra puede aportar a la dieta es la almendra, el menos calórico es el pistacho, y el más saciante es el piñón.

Diabetes – Existen estudios que relacionan el consumo de frutos secos con un mejor control de los índices glucémicos en diabéticos tipo 2. Se debe a la propiedad antiinflamatoria que poseen algunos frutos secos, como las almendras, las nueces y los pistachos.

Antiinflamatorio – Los ácidos grasos esenciales previenen las inflamaciones en articulaciones, como la artritis, y son de gran ayuda para mantener el hígado y la próstata en buen estado.

Tránsito intestinal – Para evitar los problemas de estreñimiento, los expertos aconsejan no llevar vidas sedentarias, beber suficiente cantidad de agua e introducir fibra en la dieta. A este respecto, los frutos secos son un gran aliado. Almendras, nueces y pistachos contienen altos niveles de esta sustancia. Además de mantener el intestino limpio y saludable, la fibra también ayuda a prevenir otras enfermedades del aparato digestivo, como la diverticulosis, evita que las toxinas se acumulen en el organismo y reduce la posibilidad de padecer cáncer de colon.

Problemas óseos – Las almendras y las avellanas son los frutos secos que más calcio contienen. Este nutriente es esencial para garantizar la buena salud de nuestro esqueleto, que interviene en su formación y regeneración. Por este motivo, son aconsejables para reducir el dolor de huesos y prevenir la osteoporosis. Pero para ayudar al calcio, nos hacen falta otros frutos secos ricos en magnesio. Las almendras y los anacardos son los que más niveles tienen de este mineral, necesario para asegurar la absorción y el transporte de calcio y vitamina D. Las personas que no consumen suficientes lácteos, ya sea por intolerancia a la lactosa o porque llevan dietas veganas, así como las mujeres posmenopáusicas, tienen en los frutos secos una rica fuente de calcio.

Estado de ánimo – Los frutos secos en general contienen buenos niveles de vitaminas del grupo B. La B12, en especial, contribuye a mantener en buen estado el sistema nervioso. Una de sus misiones es combatir el cansancio y el desánimo causados por la anemia, la ansiedad y la depresión. Esta vitamina no se encuentra en demasiados alimentos, por lo que normalmente se suministra en suplementos. Por eso los frutos secos son un remedio natural para esos periodos de debilidad. Además, al ser tan energéticos, es bueno llevar siempre encima un puñado, para que nos puedan suministrar un extra de energía.

Envejecimiento – Las avellanas y las almendras contienen vitamina E, un potente antioxidante que ayuda a retrasar el proceso de envejecimiento de las células. Al mismo tiempo, combate el deterioro cerebral, con lo que previene la aparición de enfermedades como la demencia y el Alzheimer.

Salud visual – Los anacardos contienen un elemento que el cuerpo no puede producir por sí mismo: la zeaxantina. Este pigmento antioxidante, presente en la retina en forma de capa protectora, protege los ojos de los efectos nocivos de los rayos ultravioleta solares.

Los frutos secos son un alimento indispensable en una dieta equilibrada. Comerlos en pequeñas cantidades puede aportarnos infinidad de beneficios.